ZOSIA, LA «VAMPIRA» DE PIEŃ
En 2022, un equipo de arqueólogos de la Universidad Nicolás Copérnico de Toruń realizaba excavaciones en un antiguo cementerio situado en Pień, cerca de Dąbrowa Chełmińska, en el norte de Polonia.
En la tumba identificada como Grave 75 encontraron los restos de una mujer muy joven.
El descubrimiento no habría resultado especialmente extraordinario de no ser por dos objetos.
Un candado triangular había sido colocado en el dedo gordo de su pie izquierdo.
Y una gran hoz de hierro atravesaba la zona del cuello, dispuesta de tal manera que su filo quedaba orientado hacia la garganta.
La prensa encontró rápidamente un nombre para aquella desconocida: «la vampira de Pień».
Los investigadores terminaron llamándola informalmente Zosia.
Pero detrás del atractivo nombre periodístico existe un caso arqueológico real, documentado y sometido durante años a estudios científicos.
Y lo que esos estudios revelaron resulta, probablemente, más interesante que la leyenda.
EL CEMENTERIO DE PIEŃ
El sitio arqueológico de Pień contiene restos pertenecientes a dos períodos muy diferentes.
Por un lado existe un cementerio de la Alta Edad Media, correspondiente aproximadamente a la segunda mitad del siglo X y primera mitad del XI, donde fueron encontradas tumbas de cámara pertenecientes posiblemente a individuos de elevada posición social.
Sobre el mismo lugar apareció posteriormente otro cementerio, utilizado durante el siglo XVII.
Fue allí donde se encontró a Zosia.
Las investigaciones arqueológicas habían comenzado años antes. Entre 2005 y 2009 se realizaron excavaciones y los trabajos fueron retomados posteriormente. Hasta la publicación del estudio de 2026 se habían investigado aproximadamente 920 metros cuadrados y localizado 101 tumbas postmedievales.
El cementerio moderno presentaba además una característica singular: varios enterramientos contenían objetos o disposiciones de los cadáveres que no respondían a las prácticas funerarias habituales.
Había candados, monedas, piedras colocadas deliberadamente sobre determinados cuerpos y disposiciones corporales inusuales.
Zosia no era, por lo tanto, el único entierro extraño del lugar.
LA MUJER DE LA TUMBA 75
Los análisis realizados posteriormente permitieron establecer que la joven tenía aproximadamente entre 17 y 19 años cuando murió.
No conocemos su verdadero nombre.
Tampoco sabemos cómo murió.
Pero algunos elementos encontrados junto a su cuerpo indican que no se trataba simplemente de una persona pobre o abandonada.
Su cabeza había descansado aparentemente sobre una almohada y estaba cubierta por una especie de cofia. Se encontraron restos de seda y ornamentaciones realizadas con metales preciosos, compatibles con una vestimenta de considerable calidad.
Los investigadores consideran que estos elementos son indicativos de un estatus social elevado.
Los análisis isotópicos sitúan a la joven dentro del rango compatible con la población local de Pień, aunque también existen otras regiones europeas isotópicamente compatibles. Los estudios genéticos aportaron, a su vez, información sobre su trasfondo biológico. Determinar con certeza su procedencia continúa siendo problemático.
Nada de esto explica, sin embargo, por qué alguien consideró necesario impedir que aquella joven abandonara su tumba.
EL CANDADO
En el dedo gordo del pie izquierdo se encontraba colocado un candado triangular de hierro.
No parece un objeto perdido accidentalmente dentro de la sepultura. Formaba parte deliberadamente del tratamiento funerario.
El candado se encontraba originalmente cerrado, aunque fue descubierto abierto debido probablemente a daños sufridos por su mecanismo después del entierro.
En diferentes tradiciones funerarias de Europa Central se conocen prácticas destinadas simbólicamente a «cerrar» la tumba o impedir que determinados muertos regresaran al mundo de los vivos.
El candado adquiría así un significado que iba mucho más allá de su función cotidiana: cerrar, inmovilizar, impedir el retorno.
La interpretación de los investigadores es que su presencia constituye una evidencia de prácticas protectoras o antidemoníacas destinadas a proteger a los vivos frente a determinados fallecidos considerados peligrosos.
LA HOZ SOBRE EL CUELLO
El segundo elemento es todavía más impresionante.
Una hoz de hierro cuya hoja mide aproximadamente 36 centímetros fue colocada transversalmente sobre el cuello de la joven.
Su cabeza no había sido cortada. Las vértebras cervicales permanecían intactas.
El instrumento, por lo tanto, no habría sido utilizado para matarla ni para decapitar el cadáver.
Había sido colocado allí deliberadamente.
La hoz posee un filo dentado. Los análisis de los restos de madera conservados indican que su mango probablemente había sido realizado con una madera dura de porosidad difusa, compatible con especies como abedul, aliso o arce.
Las hoces aparecen en diferentes contextos arqueológicos y simbólicos. El hierro podía ser considerado un elemento protector y, en determinados enterramientos, estos instrumentos han sido interpretados como mecanismos destinados a impedir que el muerto pudiera levantarse.
En el caso de Zosia, la posición del filo junto al cuello resulta particularmente sugestiva.
No obstante, es importante establecer una diferencia.
La arqueología puede demostrar que la hoz estaba allí y reconstruir aproximadamente cuándo y cómo fue colocada. No puede demostrar qué pensaba exactamente la persona que la colocó.
Su función antidemoníaca es una interpretación basada en el contexto arqueológico, histórico y comparativo.
¿ABRIERON NUEVAMENTE LA TUMBA?
Este es posiblemente uno de los aspectos más interesantes de toda la investigación.
Cuando el descubrimiento se hizo público en 2022, las primeras observaciones no permitían reconstruir con certeza todas las alteraciones sufridas por la sepultura.
Pero la investigación continuó.
El estudio multidisciplinario publicado en 2026 concluye que la tumba fue alterada posteriormente y plantea la existencia de una deposición secundaria.
Según la interpretación propuesta por los investigadores, el candado habría formado parte del tratamiento inicial del entierro.
La hoz habría sido agregada posteriormente para «reasegurar» la tumba.
Si esta reconstrucción es correcta, alguien regresó a la sepultura cuando el cuerpo todavía conservaba parcialmente sus conexiones anatómicas y añadió una nueva medida de protección sobre el cuello.
Esto abre una pregunta para la cual, hasta ahora, no existe respuesta.
LAS PRÁCTICAS «ANTIVAMPÍRICAS»
Hablar de una «vampira» puede inducir a imaginar inmediatamente al personaje que conocemos por la literatura y el cine.
No es eso lo que afirman los investigadores.
La expresión más adecuada es hablar de prácticas protectoras, antivampíricas o antidemoníacas.
En distintas regiones de Europa existieron creencias según las cuales determinados fallecidos podían abandonar sus tumbas o ejercer alguna influencia perjudicial sobre los vivos.
Enfermedades, epidemias, hambre u otras desgracias podían ser atribuidas a personas recientemente fallecidas.
Las respuestas funerarias podían incluir piedras colocadas sobre los cuerpos, enterramientos boca abajo, mutilaciones, inmovilizaciones u objetos considerados capaces de impedir el regreso del fallecido.
Nada de esto demuestra que esas personas fueran «vampiros».
Demuestra algo históricamente diferente y perfectamente real:
UNA EXTRAÑA SEÑAL EN LA BOCA
Durante las primeras observaciones los arqueólogos detectaron además manchas verdosas en el paladar de la joven.
Se consideró la posibilidad de que hubiera existido contacto con algún objeto metálico.
Esto resultaba especialmente interesante porque en otros enterramientos del mismo cementerio se habían encontrado monedas introducidas en la boca de los fallecidos.
Los análisis posteriores detectaron elementos metálicos asociados a esa zona, pero no permiten reconstruir con certeza qué objeto pudo haber estado allí.
Por eso, afirmar que Zosia tenía una moneda en la boca sería ir más allá de la evidencia disponible.
Lo comprobado es la presencia de las alteraciones y los rastros metálicos.
El objeto que pudo producirlos sigue siendo una incógnita.
NO ERA LA ÚNICA
El cementerio de Pień ha proporcionado otros enterramientos difíciles de considerar convencionales.
Se encontraron tumbas con piedras colocadas deliberadamente, candados, monedas y disposiciones inusuales de los cuerpos.
Las investigaciones posteriores descubrieron también el enterramiento de un niño dispuesto boca abajo, asociado igualmente a un candado.
Todo esto convierte a Pień en algo mucho más interesante que el escenario de una única «tumba de vampiro».
Estamos ante un sitio arqueológico que permite estudiar cómo una comunidad del siglo XVII enfrentaba la muerte, el miedo y determinadas creencias acerca de lo que podía ocurrir después del entierro.
LA INVESTIGACIÓN DE 2026
En 2026 se publicó el primer estudio científico específicamente dedicado a la mujer de la tumba 75.
El trabajo fue encabezado por Dariusz Poliński, acompañado por un equipo internacional e interdisciplinario de investigadores, y apareció en Journal of Archaeological Science: Reports.
No se trató solamente de volver a examinar el esqueleto.
La investigación combinó:
- estudios arqueológicos y osteológicos;
- datación por radiocarbono;
- análisis de ADN;
- análisis de isótopos estables;
- estudios de composición elemental;
- análisis de los textiles;
- radiografías del candado;
- estudio de la hoz;
- y análisis de los restos de madera asociados a su mango.
La convergencia de estas técnicas permitió reconstruir una parte de la historia de aquella joven.
Pero no la parte fundamental.
LO QUE SABEMOS Y LO QUE NO SABEMOS
Sabemos que una mujer muy joven fue enterrada en Pień durante el siglo XVII.
Sabemos que tenía un candado colocado en el dedo gordo del pie izquierdo.
Sabemos que una hoz de hierro fue dispuesta sobre su cuello.
Sabemos que el tratamiento funerario fue deliberado y excepcional.
Sabemos que los investigadores interpretan esos elementos dentro de un conjunto de prácticas destinadas a proteger a los vivos frente a determinados muertos considerados peligrosos.
Y el estudio de 2026 sostiene que la sepultura sufrió una intervención posterior y propone que la hoz fue agregada para reforzar aquella protección.
Pero desconocemos su verdadero nombre.
Desconocemos la causa de su muerte.
Desconocemos qué pensaban exactamente quienes la enterraron.
Y, sobre todo, desconocemos qué pudo ocurrir después para que alguien considerara necesario volver a asegurar su sepultura.
Ese límite resulta fundamental.
Porque un hecho inexplicado no constituye por sí mismo una demostración de lo paranormal.
Pero tampoco deja de ser un hecho porque todavía no podamos explicar completamente las razones que lo produjeron.
Casi cuatro siglos después podemos analizar los huesos de Zosia, estudiar su ADN, determinar aproximadamente su edad, examinar químicamente los restos encontrados junto a ella y reconstruir las alteraciones de su tumba.
Hay, sin embargo, algo que ninguna de esas técnicas puede recuperar:
FUENTES Y DOCUMENTACIÓN
Poliński, D. et al. (2026).
A unique, non-normative burial of a young adult female from a 17th-century cemetery in Pień, north-central Poland. A multidisciplinary approach.
Journal of Archaeological Science: Reports, Vol. 74, artículo 105967.
DOI: 10.1016/j.jasrep.2026.105967
Acceder al estudio científico en ScienceDirect
Acceder a la versión publicada desde el repositorio de Liverpool John Moores University
Universidad Nicolás Copérnico de Toruń (2022).
Keep demons in the grave.
Presentación institucional del descubrimiento de la tumba 75 y de la primera etapa de la investigación.
Universidad Nicolás Copérnico de Toruń (2026).
“Wampirka” z Pnia na kartach naukowej publikacji.
Información institucional sobre los resultados del estudio multidisciplinario publicado en 2026.